En los meses de verano, los campos de esta localidad vallisoletana se convierten en un auténtico espectáculo floral.

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Aunque puede que no sea tan conocida como los campos malvas de Brihuega (Guadalajara), el pueblo medieval de Tiedra también cambia de paisaje cuando llega el verano, y se convierte en otro de los destinos del país que demuestran que no hace falta viajar hasta la mismísima Provenza para quedar admirado con los paisajes de lavanda. Este municipio vallisoletano destaca porque no solo acoge lavanda en sus campos sino también lavandín, un híbrido entre la lavanda verdadera y el espliego. Su historia con esta planta no se remonta a muchos años atrás, sin embargo, su evolución en este poco tiempo es lo que realmente llama la atención.
A día de hoy, Tiedra cuenta con más 400 hectáreas de campos de lavanda y cada año se suma alguna más a la cuenta total. Dado el crecimiento exponencial de los campos y el interés general, en 2019 nació Tiedra de Lavanda, el primer centro de interpretación que se caracteriza por la divulgación de lo que ahora ya se podría llamar ‘esta tradición’. Ofrecen visitas guiadas, un repaso por la historia del cultivo y de la tierra, productos extraídos de la flor, e incluso ahora, una experiencia de realidad virtual para disfrutar, de otra manera, de la experiencia de esta flor.
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